Club Educa × Cuentos × Cuentos Clasicos × Recursos Docentes
Dora en el mundo de OZ
Comienza su travesía
- !Ohh, perdon¡ Me llamo Dorothy y voy a la Ciudad Esmeralda para pedir al Gran Oz que me mande de regreso a mi casa.-¿Dónde está la Ciudad Esmeralda? -inquirió él-. ¿Y quién es Oz?-¿Cómo? ¿No lo sabes?-De veras que no. No sé nada. Como ves, estoy relleno de paja, de modo que no tengo sesos -manifestó él en tono apenado.-¡Oh! Lo siento por ti.-Je parece que si voy contigo a la Ciudad Esmeralda, ese Oz me dará un cerebro? -preguntó él.-No lo sé, pero puedes venir conmigo si quieres. Si Oz no te da un cerebro, no estarás peor de lo que estás ahora.-Eso es verdad -asintió el muñeco.
-Vamos de camino hacia la Ciudad Esmeralda para ver al Gran Oz-¿Para qué quieren ver a Oz?-Yo deseo que me envíe de regreso a mi casa, y el Espantapájaros va a pedirle que le dé un cerebro.El Leñador pareció meditar un momento. Luego dijo: -¿Te parece que Oz podría darme un corazón?-Supongo que sí -contestó Dora-. Sería tan fácil como darle un cerebro al Espantapájaros.-Es cierto -concordó el Leñador de Hojalata-. Entonces, si me permiten unirme a ustedes, yo también iré a la Ciudad Esmeralda para pedir a Oz que me ayude.Así, pues, el Leñador se echó al hombro su hacha y los tres marcharon por el bosque hasta llegar al camino pavimentado con ladrillos amarillos.
-¡No te atrevas a morder a Toto! ¡Deberías avergonzarte!¡Tan grande y queriendo abusarte de un perro tan chiquito!-No lo mordí -protestó el León, mientras se acariciaba la nariz dolorida.-No, pero lo intentaste -repuso ella-. No eres otra cosa que un cobarde.-Ya lo sé -contestó el León, muy avergonzado-.Luego de los saludos, presentaciones y explicaciones el cobarde Leon les dijo:Entonces si no tienen inconveniente, iré con ustedes -expresó el León-, pues ya no puedo seguir soportando la vida sin valor a lo mejor el Mago de Oz me da valor.
Llegan a Ciudad Esmeralda
-¿Qué deseas de mí?, le preguntó el Mago de Oz a Dora.-Envíame de regreso a mi casa, donde están mi tía Emilia y mi tío Enrique.-Bien, te daré mi respuesta. No tienes derecho a esperar que te mande de regreso a tu casa si a cambio de ello no haces algo por mí. En este país todos deben pagar por lo que reciben. Si deseas que use mis poderes mágicos para mandarte de regreso a tu casa, primero deberás hacer algo por mí. Ayúdame y yo te ayudaré a ti.-¿Qué debo hacer? -preguntó la niña.-Acabar con la Maligna Bruja de Occidente -fue la respuesta.
Vuelve a ver al mago
Al fin oyeron una voz solemne que parecía proceder de un sitio cercano al punto superior de la bóveda.-Soy Oz el Grande y Terrible. ¿Por qué me buscan?Pero el Mago de Oz al escuchar de nuevo la voz de Dora, debió confesar su engaño.-No, todos estaban equivocados -manifestó con humildad el hombrecillo-. Los estuve engañando.-¿Engañando? -exclamó Dora-. ¿Acaso no eres un Gran Mago?-Más bajo, querida - le pidió él-. Si hablas tan alto te oirán, y eso me arruinaría. Todos suponen que soy un Gran Mago.-¿Y no lo eres? -preguntó ella.-En absoluto, queridita. No soy más que un hombre común. Y como habia sido descubierto Oz les envio a ver a la Bruja Glinda.
La Bruja Buena
- Autor
- Lyman Frank Baum
- Genero
- Novela
- Sub Genero
- Literatura Fantastica
- Idioma
- ESPAÑOL
- Fecha de publicación
- 1900
- Titulo
- El Maravilloso mundo de OZ
- Adapatación
- AG
Club Educa × Cuentos × Recursos Docentes
de Rodrigo Garcia
HABÍA UNA VEZ, HACE MUCHO TIEMPO, UN BARCO QUE NAVEGABA POR LOS MARES DEL SUR. ERA UN GALEÓN PIRATA Y AL MANDO ESTABA EL CAPITÁN ALPARGATA.
EL PIRATA ALPARGATA ERA UN JEFE PIRATA COMO TODOS LOS DEMÁS. TENÍA UN GARFIO EN UNA MANO, UN PARCHE EN UN OJO Y UNA PATA DE PALO, Y ES QUE ERA UN POCO DESPISTADO ESTE PIRATA Y TODO LO PERDÍA.
UNA TARDE, MIENTRAS ASALTABA UN BARCO ENEMIGO, ENTRE EL ENORME LÍO DE GENTE, PERDIÓ UNA PIERNA Y NUNCA LA VOLVIÓ A ENCONTRAR Y EN SU LUGAR TUVO QUE PONERSE UNA DE MADERA COMO HACÍAN TODOS LOS PIRATAS. Y LO MISMO LE OCURRIÓ CON LA MANO Y CON EL OJO.
PARA COLMO DE SUS DESDICHAS EN EL PIE QUE AÚN CONSERVABA EL PIRATA ALPARGATA TENÍA UN JUANETE, QUE LE HACÍA VER LAS ESTRELLAS CADA VEZ QUE SE CALZABA SUS LUSTROSAS BOTAS DE PIRATA, POR LO QUE NUESTRO AMIGO SÓLO PODÍA USAR ALPARGATAS, MEJOR DICHO, (UNA) ALPARGATA.
Y ES POR ESO, ERA CONOCIDO EN EL MUNDO ENTERO COMO EL PIRATA ALPARGATA.
UN DÍA DURANTE UN VIAJE POR ALTA MAR, SE DESATÓ UNA TORMENTA CON TRUENOS, RELÁMPAGOS Y MUCHA, MUCHA, MUCHA LLUVIA.
Y ¿SABÉS LO QUE PASÓ? PUES QUE SU ALPARGATA SE MOJÓ Y, CLARO, SE ESTROPEÓ.
AL PIRATA ALPARGATA NO LE QUEDÓ MÁS REMEDIO QUE IR A BUSCAR OTRO ZAPATO. ASÍ QUE CUANDO SE CALMÓ LA TEMPESTAD SE DECIDIÓ A ENCONTRAR AL MEJOR ZAPATERO DEL MUNDO QUE LE HICIERA UN ZAPATO DIGNO DE UN GRAN CAPITÁN PIRATA.
Y ASÍ, JUNTO CON SU TRIPULACIÓN RECORRIÓ LOS SIETE MARES EN BUSCA DE SU CALZADO Y LLEGÓ AL REINO DONDE VIVÍA EL ZAPATERO "CALIMERO".
“NECESITO UN ZAPATO, CALIMERO”-LE DIJO EL PIRATA.
“CREO QUE TENGO LO QUE BUSCA” –LE RESPONDIÓ EL ZAPATERO CALIMERO Y LE MOSTRÓ UNA OJOTA DE PLAYA.
“QUÉ CÓMODA PARECE, PERO SE ME CONGELARÁN LOS DEDOS CUANDO VIAJE AL FRÍO MAR DEL NORTE”- CONTESTÓ ALPARGATA.
“PUES QUIZÁ LE GUSTE ESTE PRECIOSO ZAPATO DE TACÓN” –DIJO CALIMERO.
“ES MUY BONITO Y ELEGANTE Y LA VERDAD ES QUE ME QUEDA MUY BIEN. ¡ADEMÁS ME HACE MÁS ALTO! PERO NO PODRÉ CORRER NI SALTAR AL ABORDAJE CON ÉL. TAMPOCO ME SIRVE.”
“¿Y QUÉ LE PARECE ESTE OTRO? CON ESTE SÍ PODRÁ CORRER – PREGUNTÓ EL ZAPATERO ENSEÑÁNDOLE UNA ZAPATILLA DEPORTIVA.
“UY, NO. ME TENDRÉ QUE ATAR LOS CORDONES Y CON LO DESPISTADO QUE SOY SE ME OLVIDARÁ, ME LOS PISARÉ Y ME DARÉ UN GOLPE.”
“ESPERE, ¡YA LO TENGO! HACE POCOS DÍAS ME TRAJERON UN ZAPATO QUE ALGUIEN SE DEJÓ OLVIDADO EN UN BAILE EN EL PALACIO. Y SÓLO HAY UNO, ASÍ QUE LE VALDRÁ”. Y CALIMERO LE SACÓ UN DIMINUTO ZAPATITO DE CRISTAL, PERO EN CUANTO ALPARGATA INTRODUJO EL PIE… ¡CRAS! SE ROMPIÓ EN MIL PEDAZOS.
“¡OOOH! NUNCA ENCONTRARÉ UN ZAPATO QUE ME SIRVA” –SE QUEJABA EL PIRATA, PERDIENDO TODA ESPERANZA. EL CAPITÁN ALPARGATA SE DESPIDIÓ DEL ZAPATERO CALIMERO Y SE MARCHÓ, DESCALZO, CON SU BARCO RUMBO A OTRO LEJANO DESTINO.
HASTA QUE, TRAS VARIOS DÍAS NAVEGANDO Y NAVEGANDO DIVISARON TIERRA EN EL HORIZONTE: “¡TIERRA A LA VISTA!” -GRITÓ EL VIGÍA DESDE LO ALTO DEL MÁSTIL. HABÍAN VISTO UNA ISLA EN EL HORIZONTE.
¿SERÍA LA ISLA DEL TESORO? ¡NO! MUCHO MEJOR: ERA LA ISLA DE LOS PIESDESCALZOS; UNA TRIBU QUE NO CONOCÍA LOS ZAPATOS Y POR ESO SIEMPRE ANDABAN DESCALZOS.
ALPARGATA ATRACÓ SU BARCO EN LA PLAYA DE LA ISLA Y DESEMBARCÓ.
“¡POR FIN UN SITIO DONDE PODER ANDAR SIN ZAPATOS! CREO QUE ME QUEDARÉ AQUÍ A VIVIR” –PENSÓ.
“LA VERDAD ES QUE ESTABA UN POCO CANSADO DE VIAJAR EN EL BARCO DE UN LADO PARA OTRO, DE BUSCAR TESOROS Y ASALTAR OTROS BARCOS. SÍ, AQUÍ ME QUEDARÉ A VIVIR”.
Y ASÍ FUE COMO EL PIRATA ALPARGATA SE HIZO AMIGO DE LA TRIBU DE LOS PIESDESCALZOS Y ABRIÓ UNA ZAPATERÍA CON LA QUE HIZO ZAPATOS DE TODO TIPO A TODOS LOS PIESDESCALZOS.
Club Educa × Cuentos × Recursos Docentes × Secuencia Didactica
SI QUIERES UNA AVENTURA LÁNZATE A LA LECTURA.
FUNDAMENTACIÓN:
En estas clases nos dedicaremos a leer y viajar por mundos fantásticos.
La lectura recreativa, relacionada con el ocio y el tiempo libre, representa un salto cualitativo en el que tienen un papel fundamental el entorno familiar y el apoyo institucional.
El desafío es conseguir que los niños formen parte activa de la comunidad de “lectores y escritores” (ejemplo leer cuadro de texto), capaces de enfrentarse con éxito al mundo escolar.
El cuento acercará al niño a la lectura, un niño que se haya aficionado desde pequeño a los cuentos tendrá un mayor interés por descifrar lo que dicen los libros. De su entusiasmo y placer nacerá su amor por la Literatura.
Una nuez que es y no es
Sucedió en ocasión de mi visita a un jardín de infantes, explica Graciela Montes. La maestra me había invitado pensando que a los escuchadores de cuentos -y sus alumnos al parecer eran especialmente ávidos- podía interesarles conocer a una persona cuyo oficio era precisamente el de fabricarlos.
Cuando los tuve delante (eran extraordinariamente pequeños: una salita de tres años) pensé que sólo podíamos encontrarnos en el contar. Y, un poco con la idea de que experimentáramos juntos esa “fabricación de historias”, les propuse que construyéramos un relato entre todos. Aceptaron con entusiasmo. Sugerí empezar por una nuez. “Había una vez una nuez...”, así empezaba el cuento.
A partir de ahí ellos siguieron arrojando, con la mayor naturalidad, todo tipo de delirios. Yo me limitaba a elegir los que me parecían más llenos de posibilidades narrativas, e hilarlos someramente en el lenguaje. Finalmente resultó “una nuez que estaba llena de agua en lugar de estar llena de nuez. En el medio del agua, una isla. En la isla, un señor. El momento dramático no tardó en llegar: alguien rompe la nuez, el agua se derrama, el isleño queda sin protección. Y luego los rescates…”, que surgían simultáneamente desde un montón de cuenteros a la vez, y que eran en general del tipo: “Yo me lo llevé a mi casa”, “yo tengo una tacita que puede servir para que viva el señor en su isla”, “yo lo pongo en otra nuez...”, y así muchos más. Cuando el desorden, que iba en aumento junto con el entusiasmo, llegó a su punto más alto, dimos por terminado el cuento, con uno de los finales que más adeptos tuvo. Estaban muy contentos, y más contentos se pusieron cuando la maestra les dijo que ya podían salir a jugar.
Mientras los demás salían, una niñita muy seria, que había participado poco, pero había seguido con gran atención todo lo que se había ido diciendo, se me acercó y en voz muy baja, casi como quien pide que se lo haga partícipe de un secreto, me preguntó:
“¿Y dónde se consiguen de esa nuez?”
Una pregunta extraordinaria: “¿dónde se consiguen de esa nuez?” Ese extraño error de concordancia -” nuez”, en lugar de “nueces”- me remitía a “no es” y entonces de lleno a la cuestión de la ilusión. Una pregunta grave y llena de sentidos. [...] Me colocaba de golpe y con toda sencillez en el centro de la cuestión de la ficción y las excursiones a la ficción, ese delicado proceso por el cual se aprende a entrar y salir de los mundos imaginarios.
(Montes, 1999: 44. Montes, Graciela (1999): “Una nuez que es y no es”, en La frontera indómita. En torno a la construcción y defensa del espacio poético, México, Fondo de Cultura Económica.) Material Didáctico: Escuelas Escritoras Presidencia de la Nacion.
PROPÓSITOS:
Participación en situaciones de lectura en voz alta de cuentos a cargo de pares, la docente y otros adultos.
Interpretación, apreciación y disfrute en situaciones de escucha de cuentos leídos por pares, la maestra y otros adultos.
CAPACIDADES:
Oralidad, lectura y escritura.
Trabajo colaborativo.
Pensamiento Crítico.
ACTIVIDAD 1
Leemos el cuento: “La Cenicienta”
Los alumnos se irán turnando para leer en voz alta para la clase. La docente también irá leyendo, ayudando al estudiante con dificultad.
Cuento: LA CENICIENTA de Charles Perrault
(Adaptación a lenguaje actual para niños de primer ciclo)
Había una vez un buen hombre que se casó por segunda vez con una mujer; tenía una hija (Cenicienta), de una dulzura y bondad sin igual.
Al terminar la boda, la ahora madrastra de Cenicienta dio rienda suelta a su mal carácter contra su hijastra que al ser tan simple y buena hacía parecer todavía más malas a sus hijas.
La obligó pasar el trapo a todos los pisos, a lavar los platos y a limpiar todos los cuartos.
Cenicienta dormía en un cuartucho de la casa y aguantaba el maltrato con paciencia. No se atrevía a quejarse a su padre, de miedo que se enojara pues esa mujer lo dominaba por completo. Sin embargo, Cenicienta con sus míseras ropas, no dejaba de ser más linda que sus hermanas que andaban muy bien vestidas.
Un día sucedió que el hijo del rey dio un baile al que invitó a todas las personas.
Las hermanas llamaron a Cenicienta para pedirle su opinión, pero en verdad querían burlarse de ella. Cenicienta las aconsejó lo mejor posible, y se ofreció incluso para peinarlas.
Ellas le decían: — Cenicienta, ¿te gustaría ir al baile?
—Ay, chicas, no se burlen, eso no es para mí.
Tan contentas estaban las hermanastras de Cenicienta que pasaron cerca de dos días sin comer. -Aunque la repentina dieta no les funciono ya que más de doce vestidos rompieron a fuerza de apretarlos para que el talle las hiciera verse más delgadas-.
Finalmente, llegó el día del baile y la maliciosa madre junto a sus dos hijas partieron.
Cenicienta se quedó sola y cuando las perdió de vista se puso a llorar.
Su madrina, que era un hada, le dijo:
—¿Te gustaría ir al baile, no es cierto? —¡Ay, sí!, dijo Cenicienta suspirando.
La llevó a su cuarto, le hizo una lista de cosas para que le trajera y le dijo: —Ve al jardín y tráemelas, rápido.
Al traer todas las cosas Cenicienta el hada le dijo:
—Bueno, aquí tienes para ir al baile.
—Es cierto, pero ¿podré ir así, con estos vestidos tan feos? Su madrina no hizo más que tocarla con su varita, y al momento sus ropas se cambiaron en magníficos vestidos; luego le dio un par de zapatillas de cristal, las más preciosas del mundo.
Cenicienta subió al carruaje; pero su madrina le recomendó sobre todo que regresara antes de la medianoche, advirtiéndole que, si se quedaba en el baile un minuto más, su carroza volvería a convertirse en zapallo, sus caballos en ratas, sus lacayos en lagartos, y que sus viejos vestidos se verían.
Ella prometió a su madrina que saldría del baile antes de la medianoche y partió, loca de felicidad.
El hijo del rey, a quien le avisaron que acababa de llegar una gran princesa que nadie conocía, corrió a recibirla; ¡Ah, qué hermosa es!
Se la pasaron bailando y charlando, cuando Cenicienta oyó dar las doce menos cuarto; se disculpó a los demás asistentes a la fiesta y se fue a toda prisa.
Apenas hubo llegado, fue a buscar a su madrina y después de darle las gracias, le dijo que desearía ir al baile al día siguiente porque el príncipe se lo había pedido.
Al día siguiente, las dos hermanas fueron al baile, y Cenicienta también, pero aún más ricamente ataviada que la primera vez. El hijo del rey estuvo siempre a su lado charlando lo que hizo que Cenicienta se olvidara de la recomendación de su madrina; de modo que oyó tocar la primera campanada de medianoche cuando ella creía que no eran ni las once.
Se levantó y salió corriendo, ligera como una gacela. El príncipe la siguió, pero no pudo alcanzarla; ella había dejado caer una de sus zapatillas de cristal que el príncipe recogió.
A los pocos días el hijo del rey hizo proclamar al son de trompetas que se casaría con la persona cuyo pie se ajustara a la zapatilla.
Al llegar a su casa la guardia real para probar el pequeño zapato a las hermanastras Cenicienta, que las estaba mirando, y que reconoció su zapatilla, dijo riendo: —¿Puedo probar si a mí me calza?
Sus hermanas se pusieron a reír y a burlarse de ella.
El gentilhombre que probaba la zapatilla, habiendo mirado atentamente a Cenicienta y encontrándola muy linda, dijo que era lo justo, y que él tenía orden de probarla a todas las jóvenes. Hizo sentarse a Cenicienta y acercando la zapatilla a su piececito, vio que encajaba sin esfuerzo y que era hecha a su medida.
De inmediato Cenicienta fue conducida ante el joven príncipe, vestida como estaba. Él al verla la encontró más bella que nunca, y pocos días después se casaron. Colorín colorado este cuento se ha acabado.
FIN
Luego de leer el cuento la docente intervendrá haciendo las siguientes preguntas:
¿Conocían el cuento de La Cenicienta? ¿Quiénes son los protagonistas? ¿Cuál es el problema? ¿Cómo se resuelve?
Actividad 2
En la siguiente actividad o clase -depende el tiempo que le hayas asignado y los trabajos que hayas añadido para afirmar los contenidos- la docente les comentará que van a leer otra versión del cuento de La Cenicienta y así se podrá comparar las distintas versiones del cuento de Cenicienta.
Para ello se ha tomado el cuento del libro del Ministerio de Educación “Relatos para cada rato 2”. Páginas 63, 64, 65 y 66, el cuento: “La eco Cenicienta”.
La eco cenicienta de Pablo Natale.
Había una vez una Cenicienta que se había dado cuenta de que el reino estaba lleno de contaminación, así que se propuso dejar todo bien limpiecito.
Cuidaba a las plantitas y a los animales del reino por la mañana, reciclaba por las tardes, separaba basura por las noches: no paraba de cuidar y limpiar todo, cada segundo cada día, cada año.
Una primavera se le apareció su hada madrina, una especie de robotito de plástico.
-Che, no te popopodés pasar la vida así tienes que cacacasarte Cenicienta – le dijo el hada madriplástica.
-Em… no tengo tiempo para eso -contestó Cenicienta.
-Así te vas a quedar más sola que el papapapan sin queso -agrego el hada madriplástica.
-Mmm… Tenes razón, ¡me vendría bien un poco de ayuda para limpiar el reino! -dijo Cenicienta.
Desde entonces se pasó semanas enteras poniéndose esplendida para el cumpleaños del príncipe.
Había una gran fiesta en el castillo ese día. Tiraban fuegos artificiales, que afectaban a los animales, había jugo en vasitos de plástico, que luego aparecían tirados en el pasto, y servilletas y bandejas que se amontonaban en los rincones.
-Puaj, no aguanto más -susurro desesperada.
Salió corriendo, pero en el medio tropezó con un montón de basura y se le salió un zapato. Fue a buscarlo y entonces vio al príncipe que la miraba con los ojos blancos de amor.
-Te casas conmigo -dijo el príncipe.
-No tengo tiempo, ¡tengo que reciclar! -dijo Cenicienta.
-Perfecto -dijo el príncipe, que no era muy bueno escuchando a los demás.
En ese mismo momento sonaron las trompetas y a la Cenicienta se le apareció un anillo en la mano. Todos celebraban y tiraban guirnaldas al cielo.
La princesa Cenicienta se puso a limpiar el castillo apenas terminado el casamiento y les explico a todos que el plástico le hacía mal al ambiente y que estaba matando a los animales y a las plantas, incluso contaminaba el agua.
- ¡Para vos todo es una catástrofe! -le decía el príncipe, una y otra vez.
Cenicienta tenía una especie de obsesión incontrolable por el reciclado. Incluso intentó que el príncipe ordenara a todo el reino que guardaran los vasitos de yogur para transformarlos en lámparas o floreros.
Escandalizadas, algunas personas se fueron mudando del reino. Primero se fueron los vendedores de comida chatarra, después los dueños de las fábricas de plástico, después el príncipe mismo.
La Cenicienta se despertó una mañana, se miró los pies descalzos y se rasco la cabeza confundida.
-Mmm… -pensó- Tengo que hacer algo, la gente se está yendo del reino.
Entonces, convocó a los zapateros, diseñadores y modistas que aún quedaban en el reino: le habían contado que eran expertos recicladores. Apareció un zapatero tímido que le puso un zapato con perfectas plumas de metal reciclado, y un modisto que le puso un hermoso vestido de cortinas antiguas.
-Desde ahora todos ustedes son mis príncipes verdaderos -les dijo ella, con ojos blancos de amor.
Modistos, zapateros y muchos otros expertos recicladores hicieron una fiesta bella y sencilla junto con Cenicienta y todos los que decidieron quedarse en el reino.
Así ese reino se hizo conocido por ser “el más reciclado del mundo entero”. Y a partir de ese entonces, Cenicienta impuso dos medidas importantes para el futuro.
La primera era “el llamado”; el hada madriplástica tenía que ir a otros reinos y convencer a los habitantes de que había que cuidar el ambiente. La segunda era “la hora del reciclado”, un momento del día en el que sí o sí había que reutilizar desechos y crear otra cosa nueva: como si se agarrara una historia vieja y se la contara otra vez.
Autor: Pablo Natale.
Fuente: Libro Relatos para cada rato 2. Páginas 63, 64, 65 y 66
Luego de leer el cuento la docente les hará las siguientes preguntas:
¿Les gustó el cuento? ¿Por qué? ¿En qué se diferencia este cuento con el anterior? ¿Cómo era la Eco cenicienta? ¿Cómo era el Hada? ¿Cómo era el príncipe? ¿En qué se parecen las Cenicientas?
Conversamos: ¿Porque al final del cuento se dice que reciclar es como volver a contar una historia vieja? ¿Si tuvieras que cambiar el final? (¿Cuenta a la clase cómo lo harías?)
Como trabajo final realizamos un collage entre todos, contando los cuentos que leímos.